A menos de un mes del Primer Informe de Cecilia Patrón, las calles de Mérida ya nos están gritando la verdadera historia: baches, fugas, obras mal hechas y un descontento ciudadano que va de crecendo. Ejemplo perfecto: la calle 17 de Chuburná, donde los cráteres recién nacidos parecen salidos de un laboratorio de experimentos fallidos. ¿Y el informe? Más bien será una oda al maquillaje político, con cifras optimistas y un par de selfies, mientras la ciudad se hunde bajo el pavimento mal hecho.
Lo que realmente molesta no son los hoyos (que ya ni sorpresa nos causan), sino el desdén absoluto de una administración obsesionada con su imagen, más que con dar resultados reales. La gente ya no se traga el cuento, y las redes sociales se están llenando de pruebas de que la ciudad está abandonada.
Mérida, la blanca, la segura, la modelo… se está hundiendo en una crisis de dignidad. Y la gran pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a seguir en el silencio y la complicidad de quienes nos prometen, pero no cumplen?



