¡LA VERDADERA CARA DEL “PROGRESO” EN MÉRIDA!
Mientras el Ayuntamiento presume avances, miles de familias que nacieron, crecieron y trabajaron toda su vida en barrios tradicionales como Santiago, La Ermita, San Juan o Itzimná ahora luchan para pagar una renta.
La gentrificación está desfigurando la ciudad, con una fiebre inmobiliaria que expulsa a los de siempre para dar paso a hostales con nombres en inglés, cafeterías gourmet, y rentas de $30 mil al mes que ni un profesionista local puede costear.
¿Y el Ayuntamiento qué hace? Facilitarle todo a los grandes desarrolladores: trámites exprés, licencias sin freno, cero control sobre Airbnb, y obras públicas para embellecer zonas turísticas mientras el sur y poniente se olvidan.
Este no es un accidente, ¡es un plan! Clasismo institucional, especulación inmobiliaria y corrupción disfrazada de “desarrollo urbano”.
Mérida se ha convertido en un escaparate de lujo para inversionistas, pero la gente local se queda sin casa, sin ciudad y sin futuro.
¿La casa que ves en ruinas? Fue de alguien que conocías. Hoy es un bar de mojitos.
¿Hasta cuándo vamos a permitir que vendan nuestras calles como mercancía para extranjeros?



